En algún u otro momento de tu niñez, te encontrarás en ese punto de partida que te planteará necesariamente alguien de tu entorno… la típica pregunta inquisitoria de cualquier adolescente… ¿Qué quieres ser de mayor?. ¿Acaso ser mayor no era ya una tremenda responsabilidad?, pues no, al parecer debías decantarte por algo más.
Como esa pregunta se hizo cada vez más frecuente en el transcurrir de mis días, me puse seriamente a la tarea de otorgarles una respuesta…
¡Cirujano! ¡Seré cirujano!. Quizás fuese porque el hecho de llevar uniforme estaba bien visto a ojos del mundo o tal vez en un acto de mostrarle al mundo mi valentía diciendo: «No tengo miedo a la sangre!»
Más adelante abandoné aquella idea por la de hacerme Veterinaria. Tenía la respuesta. Mi padre me regaló un gato cuando apenas tenía 5 años de edad y luego un perro y desde el primer momento comencé a sentir un profundo amor incondicional hacia los animales. No obstante, también dejé atrás esa idea (no la de mi amor hacia los animales que persiste), sino la de mi futuro porvenir cuando alguien me advirtió de que si un animal sufría, también sería yo la que tendría que paliar el dolor de sus últimos días… Me aterrorizó esa idea!
Sin saber por qué ni cómo acabé en un Bachillerato de Ciencias, por aquello de las «salidas laborales», para acabar dándome cuenta de que estaba equivocada. Lo concluí, pero tampoco era aquella mi opción, mientras me dedicaba a publicar en «El desván» la revista del Instituto en la que gané algunos premios que aún conservo.
Durante todo ese tiempo, el que fue mi maestro de escuela y sobre todo de vida, mi Padre, me había llenado al completo una enorme estantería de libros y me había narrado miles de historias acerca de Al – Ándalus, la guerra civil y la posguerra y mil y una historias que me sería imposible resumir en unas breves líneas. Una de mis primeras lecturas sería el Principito, El caballero de la armadura oxidada o Cien Años de Soledad cuando apenas tenía 14 años.
Ahí tenía la respuesta… toda una vida preguntándome qué quería ser de mayor y sólo tuve que alzar la mirada ante aquella estantería repleta de libros para darme cuenta de que mi mundo eran las letras. Había sido tan simple, solo tenía que escucharme y observar. Acabé licenciándome en Historia por la Universidad de Málaga, pudiendo aunar mi amor por la historia y mi pasión por la lectura…
He aquí un breve cuento de cómo llegué a convertirme en fiel amante de las letras que conmueven al alma, aquellas que a veces por miedo callamos, cuando es mejor expresarlas. Y es por este mismo motivo por el que decidí crear este pequeño «rinconcito» en la web con el fin último de contarme y contarle al mundo lo que rondaba por mi mente, a veces cosas cotidianas, otras veces inquietudes y en otras ocasiones recuerdos que desgarraban mi alma. Por causa y desatino del destino me tocó darle forma el día en que falleció mi padre, aquel que fue mi maestro de escuela y sobre todo de vida, queriéndote dedicar a ti, mi héroe, este humilde espacio para mantenerte vivo en mi memoria. Me pasé una vida preparándome para saber qué quería ser de mayor y me dí cuenta que nadie me había preparado para esto, para afrontar tu pérdida.
En ese instante me vino a la cabeza aquellas palabras que un buen amigo me dedicó en su discurso durante el que fue uno de los días más importantes de mi vida y que decía así… » No hagas de tu vida un borrador, quizás no tengas tiempo para pasarlo a limpio…» Y en este preciso momento me hallo, escribiendo mi propio borrador para comenzar a darle forma…
Va por ti, Papá…
Debe estar conectado para enviar un comentario.